EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO
Del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-23
8 de septiembre del 2026

Tiempo Ordinario
Fiesta, NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
[Ella ha concebido por obra del Espíritu Santo.]
Del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-23 [Forma breve]
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: «José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN:
• Como casi todas las principales solemnidades de María, también la Natividad es de origen oriental. En la Iglesia latina la habría introducido un Papa proveniente precisamente del oriente, San Sergio I. Originalmente debió haber sido la fiesta de la dedicación de la actual basílica de Santa Ana en Jerusalén. Hay una tradición que ubica este sitio como la sede de la humilde morada de Joaquín y de Ana, descendientes lejanos de David y padres de María Santísima. La devoción cristiana ha querido venerar en ellos las personas y los acontecimientos que prepararon el nacimiento del Salvador. • Hay que descubrir en este culto una profunda verdad: la venida del hombre Dios a la tierra fue larga y cuidadosamente preparada por el Padre a lo largo de los siglos. La historia de la humanidad fue como un lento y difícil parto de las condiciones necesarias para la Encarnación del Hijo de Dios e Hijo de María, «aurora» de la redención. La verdadera devoción a María conduce siempre a su divino Hijo, Jesús.











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