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EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO

  • Foto del escritor: Admin
    Admin
  • 20 jul
  • 2 min de lectura

Del santo Evangelio según San Mateo 14,1-12



1 de agosto del 2026



Tiempo Ordinario


Evangelio según San Mateo 14,1-12.


En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos".

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".

Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.

Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Herodes quería ver a Cristo

"Nunca nadie ha visto Dios." El Hijo único que se encuentra en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Jn 1,18). Lo divino es inexplicable e incomprensible: "nadie conoce al Padre, excepto el Hijo o aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27), y el Espíritu Santo conoce igualmente a Dios... Pero después de este primero y bendito conocimiento divino, nadie ha conocido a Dios sino aquellos a quien Dios mismo se revele...


Por tanto, Dios no nos dejó en la completa ignorancia, porque cada uno ha sembrado en sí, el conocimiento de que existe un Dios. La creación, por su cohesión y su dirección, proclama la magnificencia de la naturaleza divina (cf. Rm 1.20). A continuación, la Ley y los Profetas y su único Hijo, el Señor, "nuestro Dios y Salvador Jesucristo" (2P 1.1), han demostrado el conocimiento de Dios, de acuerdo a lo que podemos conseguir. Por eso todo lo que nos fue transmitido por la Ley y los Profetas, los Apóstoles y los Evangelistas, lo aceptamos, lo conocemos, aplicamos nuestra devoción y no buscamos más allá.


Dios es bueno; apela al bien... Como él lo sabe todo y lo que nos conviene a cada uno, nos revela lo que nos es útil de conocer y lo que podemos llevar. Debemos, por lo tanto, contentarnos con esto y permanecer en ello.












 
 
 

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