EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según San Lucas 18,1-8
14 de noviembre del 2026

Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres,
pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
Palabra del Señor.
Reflexión:
“En una ciudad, vivía un juez y una viuda…”
En la ciudad de mi cuerpo está ubicado
El trono del espíritu -el juez-
Que no teme a Dios,
Que no se avergüenza ante los hombres.
Porque es libre de todo eso,
De temer y de tener miedo,
No tiene vergüenza porque, como el pensamiento,
No es visto por nadie.
Aquí abajo, mi alma también ha devenido viuda de Ti,
De Ti, su Esposo celestial,
Porque ella ha introducido al Seductor extranjero
En la cámara nupcial.
Ella grita sin cesar, ya que le quema el corazón,
Hacia el espíritu de su conciencia,
Para que se haga justicia contra el adversario,
El cuerpo injusto, conciudadano.
Para rendir de nuevo superior al inferior,
Y rendir inferior al superior,
Tal como estableciste Tú, oh Creador,
El cuerpo debiendo ser servidor del alma. (…)
Tú, oh mi Juez celestial,
Por quien los cielos y la tierra son juzgados,
Por el juez personal de mi alma,
Hazme juzgar como es conveniente,
A fin que, el día del Juicio,
No sea condenado al mismo tiempo que el juez,
Cuando Tú unirás juntos
El alma y el cuerpo en una unión indisoluble.
Y yo, que de nuevo estoy viuda de Ti,
Úneme a Ti por tu amor,
Y sé el Esposo de mi alma esposa,
Uniéndome a Ti, que eres la Cabeza.
En cuanto a mi contrario, el cuerpo adversario,
Ubícalo bajo tu mando,
Para que escuche la palabra como servidor
Y para que sin tardanza cumpla el bien.











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