EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según San Lucas 14,25-33
4 de noviembre del 2026

Evangelio según San Lucas 14,25-33.
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo."
Palabra del Señor.
Reflexión:
“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24)
Feliz el alma, hermanos muy queridos, que pueda seguir en todo al Señor Jesús … “donde quiera que vaya” (Apo 14,4). En el reposo de la contemplación, el alma sube pasiblemente ocupada en contemplar que “él es Dios” (Sal 45,11). Ella desciende en el ejercicio de la caridad, siguiéndolo hasta llegar al servicio, a amar la pobreza y soportar hambre, sed, fatiga, trabajo, llantos, con la oración y, finalmente, la Pasión. Porque Cristo vino obedeciendo hasta la muerte, para servir y no para ser servido, no para dar oro o plata sino su enseñanza y su ayuda a la multitud, entregando su vida por todos (cf. Mt 10,45) …
Que este sea, hermanos, el modelo de sus vidas, tal es la regla de una santa conducta. Con Cristo, por el pensamiento y el deseo, vivir en la patria eterna. Por Cristo, no rechazar ningún servicio de la caridad durante este duro exilio terrestre. Siguiendo a Cristo que sube hacia el Padre, dejarse simplificar, unificar en el reposo de la meditación. Siguiendo a Cristo que baja hacia nuestro hermano, dejarse compartir, dividir “hacerse todo a todo” (cf. 1Cor 9,22). No desdeñar nada de lo que concierne a Cristo, no ocuparse de nada que no sea para Cristo. Tener sed sólo de él, mirar a él sólo donde está Cristo solo. Ponerse con gusto al servicio de todos, dónde su presencia es múltiple (cf. Mt 25,35).











Comentarios