EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO
Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22
22 de octubre del 2026

[Jesús hablaba del templo de su cuerpo.]
Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22
ANIVERSARIO DE LA CONSAGRACIÓN DE LA CATEDRAL, En el año de 1716
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora. Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: • En todas las civilizaciones aparece el templo como lugar de encuentro del hombre con Dios. Cada religión tiene sus lugares sagrados, donde la presencia de Dios se hace más tangible y el contacto con Él más asequible. Los textos de la fiesta de la Dedicación de una iglesia nos ofrecen la oportunidad de reflexionar sobre el sentido más profundo del templo, en sentido cristiano. Las lecturas, en su conjunto, nos ofrecen estos temas: Jesús, el verdadero «Templo». Nosotros, «templos vivos» del Espíritu Santo, edificados sobre Cristo, el sólido cimiento. No corromper el culto, no convertir en mercado la «casa del Padre». El «agua viva», que mana del templo de Dios, símbolo del bautismo, y de un nuevo estilo de vida…
• Todos estos textos nos invitan a pasar del templo de piedra al templo espiritual, que somos los creyentes. El edificio no es propiamente la “casa de Dios” sino la “casa de la Iglesia”, de la comunidad cristiana. Nuestros edificios de piedra serán tanto más “casa de Dios” cuanto más sean “casa de los hombres”… Los judíos amaban su templo con verdadera devoción. Estaban orgullosos de su esplendor y de su grandeza. Todo ello no fue obstáculo para que el santuario se hubiera prostituido, algo que llevó a Jesús a una actitud francamente airada. A los cristianos nos puede ocurrir lo mismo. Dios puede ver, en ocasiones, algo semejante a lo que contempló su Hijo en el templo de Jerusalén: adoradores sin «espíritu» y sin «verdad» (Cfr. Jn, 4, 23).











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