EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según San Lucas 10,38-42
7 de octubre del 2026

Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 11,1-4.
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos".
El les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación".
Palabra del Señor.
Reflexión:
El bien supremo de la oración
El bien supremo es la oración, la conversación familiar con Dios. Es relación a Dios, unión con él. Igual que los ojos del cuerpo son aclarados a la vista de la luz, el alma tendida hacia Dios es iluminada con su inefable luz.
La oración no es el efecto de una actitud exterior, sino que viene del corazón. No se encierra en ciertas horas o momentos determinados, sino que está en actividad continua, noche y día. No hay que contentarse con orientar el pensamiento hacia Dios cuando él se aplica exclusivamente a la oración, sino que la oración continúa cuando está absorbido por otras ocupaciones, tal como el cuidado de los pobres u otras preocupaciones en vista de una obra buena y útil. Es importante siempre tener el deseo y recuerdo de Dios, para ofrecer al Señor del universo un sabroso alimento, sazonado con la sal del amor de Dios.
La oración es la luz del alma, es el verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por la oración, el alma se eleva hacia el cielo y abraza al Señor con indecibles abrazos. Como un recién nacido con su madre, ella grita hacia Dios llorando, sedienta de la leche divina. Expresa sus deseos íntimos y recibe regalos superiores a la naturaleza visible. La oración, con la que nos presentamos con respeto ante Dios, es la alegría del corazón y el reposo del alma.











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