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EVANGELIO DIARIO: TIEMPO ORDINARIO

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Admin
hace 11 minutos
2 min de lectura

Evangelio según San Lucas 10,17-24


3 de octubre del 2026




Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 10,17-24.


En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron llenos de gozo y dijeron a Jesús: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre".

El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.

No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".

Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!

¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".

Palabra del Señor.


Reflexión:

Esperar la felicidad del Cielo


Mis hermanos, si la fe nos hace descubrir a Dios presente, la esperanza nos hace efectuar todo lo que realizamos en vista sólo de agradar al buen Dios, con el feliz pensamiento de la recompensa eterna. Hermanos míos, ya que la virtud de la esperanza alivia tanto nuestros males, veamos juntos en qué consiste esta bella y preciosa virtud.


Sí, hermanos, tenemos la felicidad de conocer por la fe que hay un Dios que es nuestro Creador, nuestro Salvador y soberano Bien que nos ha creado para conocerlo, amarlo, servirlo y poseerlo. La esperanza nos enseña que, aunque indignos de esa felicidad, la podemos esperar por los méritos de Jesucristo. Mis hermanos, para rendir nuestras acciones en dignas de ser recompensadas, se necesitan tres cosas: la fe, que nos hace descubrir a Dios presente; la esperanza por la que todo realizamos en vista sólo de agradar al buen Dios; el amor, que nos une a él como a nuestro soberano Bien. Si, mis hermanos, no conoceremos nunca el grado de gloria que cada acción nos procura en el cielo, cuando la realizamos con pureza por el buen Dios. Los mismos santos que están en el cielo no lo pueden comprender. (…)


Dirán ustedes ¿Qué quiere decir esta palabra “esperar”? He aquí, hermanos. Esperar es suspirar por algo que nos hará felices en la otra vida, es desear ardientemente la liberación de los males de esta vida y querer la posesión de todo tipo de bienes capaces de realizarnos plenamente. (…) Agrego que es necesario que nuestra esperanza sea universal, es decir, que tenemos que recurrir al buen Dios en todo lo que nos ocurre.








 
 
 

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