EVANGELIO DIARIO: II DOMINGO DE PASCUA
- Admin
- 30 mar
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Del santo Evangelio según San Juan 20,19-31
12 de abril del 2026

II Domingo de Pascua
Evangelio según San Juan 20,19-31.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Un refugio donde el alma encuentra las bondades del Hombre-Dios
Querido padre en Cristo, manso Jesús, yo, Catalina, sierva y esclava de los servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa sangre, con el deseo de verlo inmerso en la sangre de Jesús crucificado y escondido en las heridas de su costado.
En la sangre encontrará el fuego, porque lo ha difundido por amor y en el costado encontrará el amor del corazón, porque todo lo que Cristo hizo por nosotros lo ha hecho por amor. Entonces su alma se inflamará con el fuego de un santo deseo y ese deseo es efecto del amor, que no envejecerá jamás y que rejuvenecerá siempre el alma que ha revestido. La renueva en la virtud, fortifica, ilumina y une con su Creador. Porque en Jesús crucificado encuentra al Padre, participa de su poder. Encuentra la sabiduría del Hijo Único de Dios que aclara su inteligencia. Gusta y ve la bondad del Espíritu Santo, encontrando el tierno amor que Cristo nos ha mostrado en los hechos de su Pasión, cuando con su sangre lavó nuestras iniquidades y de su costado hizo una morada, un refugio en el que el alma reposa y gusta las bondades del Hombre-Dios.
Quisiera que hiciéramos siempre así, mi querido padre. Que el ojo de nuestra inteligencia no se cierre nunca y vea y contemple cuanto nos ama Dios, como lo prueba su Hijo. Que la voluntad ame siempre, que no cese jamás de amar. Que el amor al Creador no se enlentezca ni por el placer ni por la pena ni por nada dicho o hecho. Aunque todas las otras obras cesaran (…), el amor no debería nunca apagarse. No le digo más. Permanezca en la santa y bondadosa dilección de Dios. Manso Jesús, Jesús amor.











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