EVANGELIO DIARIO: FERIA DE CUARESMA
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- 16 mar
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Del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
25 de marzo del 2026

Solemnidad, LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR,
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: • La Anunciación es un acontecimiento humilde, oculto –nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María– pero al mismo tiempo es un acontecimiento decisivo para la historia de la humanidad. En realidad el «sí» de María es el reflejo perfecto del de Cristo mismo cuando entró en el mundo, como escribe la Carta a los Hebreos, interpretando el Salmo 39 (Heb 10, 7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre y, así, gracias al encuentro de estos dos «síes», Dios pudo asumir un rostro de hombre… • La respuesta de María al ángel se prolonga en la Iglesia, llamada a manifestar a Cristo en la historia, ofreciendo su disponibilidad para que Dios pueda seguir visitando a la humanidad con su misericordia. De este modo, el «sí» de Jesús y de María se renuevan en el «sí» de los santos, especialmente de los mártires. La Virgen en el Calvario selló el «sí» pronunciado en Nazaret. Unida a Jesús –el Testigo del amor del Padre– María vivió el martirio del alma… Invoquemos con confianza su intercesión, para que la Iglesia, fiel a su misión, dé al mundo entero el testimonio valiente del amor del Padre. [Sintetizado de BXVI, Ángelus, 25-III-2007].











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