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EVANGELIO DIARIO: FERIA DE CUARESMA

  • Foto del escritor: Admin
    Admin
  • 11 mar
  • 2 Min. de lectura

Solemnidad, SAN JOSÉ, Esposo de la Virgen María

Santo Evangelio según san Lucas 2, 41-51a


19 de marzo del 2026

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca. Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad.

Palabra del Señor.



REFLEXIÓN: La Anunciación es un acontecimiento humilde, oculto –nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María– pero al mismo tiempo es un acontecimiento decisivo para la historia de la humanidad. En realidad el «sí» de María es el reflejo perfecto del de Cristo mismo cuando entró en el mundo, como escribe la Carta a los Hebreos, interpretando el Salmo 39 (Heb 10, 7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre y, así, gracias al encuentro de estos dos «síes», Dios pudo asumir un rostro de hombre. La respuesta de María al ángel se prolonga en la Iglesia, llamada a manifestar a Cristo en la historia, ofreciendo su disponibilidad para que Dios pueda seguir visitando a la humanidad con su misericordia… • De este modo, el «sí» de Jesús y de María se renuevan en el «sí» de los santos, especialmente de los mártires. La Virgen en el Calvario selló el «sí» pronunciado en Nazaret. Unida a Jesús –el Testigo del amor del Padre– María vivió el «martirio del alma». Invoquemos con confianza su intercesión, para que la Iglesia, fiel a su misión, dé al mundo entero el testimonio valiente del amor del Padre. [Sintetizado de: BXVI, Ángelus, 25-III-2007].















 
 
 

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